El Señor de Las Penas

Y no pudimos completar nuestra Estación de Penitencia.
Podría reflexionar mil cosas. Pero las dejaremos para más adelante. De momento quedémonos con las sensaciones de siempre. Que se hacen nuevas cada Martes Santo. Las hermanas que hacen oración cantando. El Silencio. Las largas filas nazarenas. La oración nazarena y costalera, callada. El crujir de la madera. La reflexión. El racheo. El orden. Los cristianos viejos. La Ciudad Real perdida.
Todo ello condensado en una noche, en unos segundos de interminable tiempo. En la agitación inmensa de unos corazones que se olvidan de todo para abrazar el madero de la cruz.
Las Penas.

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