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Mostrando entradas de junio, 2010

¿Cómo quieres?

¿Cómo quieres que no vaya a perderme contigo?
¿Cómo quieres que no me sonría de mis sueños?
Sabes que me gusta caminar a tu lado. Contándote historias.
Sabes que todos los días me tumbo en la misma cama a pensarte.
Me gustan tus labios rojos como cerezas y dejar la puerta entornada para escucharte respirar de lejos.
Me gusta mirarte cuando no te das cuenta.
No tengo ganas de nada con este calor quebrado.
Y en tu ausencia tengo frío.
Las noches tibias a tu lado.
El futuro de cuentos.
Los días en que pierdes el tiempo y bostezas.
Tantas ganas de volar contigo como si nadasemos en el cielo.
Y muchas estrellas encendiéndose alrededor de tus ojos de aguamarina.

Cuando descubres que todo se acaba...

Definitivamente odio ser un apátrida.
Detesto abandonar y encajonar mi vida y mis recuerdos, y moverme otra vez lejos. No saber si volver, no saber si tu estarás.
Odio esa zumbante sensación de provisionalidad.
Me ahogan todos los recuerdos de este segundo fin de año.
Me invade la oprobiosa ansia de huir.
Y al final toca decir adiós, porque es adiós.
Y prefiero huir tan lejos como pueda.
Preferiría cerrar los ojos y quedarme con tus recuerdos, con los vuestros... Con ser como sóis que será como seréis.
Y otra vez con la vida a cuestas. Con el agua que llena mis ojos de amor.
Y tantas palabras por decir, tantas noches de luna por vivir, tantas maravillas en tus manos, tus susurros, tus incendios de media primavera...
Ya no nos queda tiempo. ¡Nunca nos queda!
Todos esos libros que me disteis y que se han llenado de polvo y de las miradas cansadas de mis ojos tristes.
Todo se va a quedar dormido y todo lo habéis arrancado de mis entrañas.
Y me duele.
Tu voz es lo único que me queda y la amo con todas…