Entrando en la Pasión. Reflexiones.

Me sorprende en estos días de maravillosas vísperas el revuelo que causan mis opiniones.
Escándalo por poner de manifiesto la opinión propia. Es muy habitual que ciertas gentes de las cofradías de Ciudad Real interioricen cualquier crítica personal o cualquier opinión como un ataque personal. Demostrando una falta de autocrítica y una complacencia propia bastante extendida.
No seré yo quien vaya a dar lecciones de nada. Pero me ampara la libertad de expresión, el pensamiento formado y personal, para poder hacer partícipes a mis amigos y conocidos de mis pensamientos más o menos acertados.
Lo inaudito del caso es confirmar que personas que ni conozco, que no han tenido la oportunidad de debatir conmigo o de dirigirse personalmente a mi, hablen y mencionen mi nombre y mi apellido en términos ofensivos o peyorativos. No juzgaré tampoco esta conducta pero, a buen seguro, tendrán la ocasión de que me dirija a ellos personalmente y podamos intercambiar impresiones. Más aún para que me puedan explicar qué aspecto lesivo o qué opinión ofensiva he podido expresar porque a día de hoy las desconozco.
Y para acabar me gustaría saber por qué razón no puedo expresar opiniones personales en un ámbito personal y semiprivado como son mis perfiles en las redes sociales. Al cual tienen acceso mis amigos y no personas a las que desconozco. Más allá personas que me mencionan desconociendo cualquier tipo de intencionalidad en mis comentarios y haciendo gala de una hipersusceptibilidad para darse por aludidos de manera personal.
Que el Señor y su Santísima Madre iluminen y llenen corazones. Más aún en este bendito mundo en el que los cofrades convierten, en ocasiones, la fraternidad cristiana en habladuría y maledicencia.

Comentarios

  1. Acabas de describir, amigo Pajarón, el mal endémico de nuestra Semana Santa. EL vecineo porteril de los que se autodenominan cofrades.

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