Escándalo por poner de manifiesto la opinión propia. Es muy habitual que ciertas gentes de las cofradías de Ciudad Real interioricen cualquier crítica personal o cualquier opinión como un ataque personal. Demostrando una falta de autocrítica y una complacencia propia bastante extendida.
No seré yo quien vaya a dar lecciones de nada. Pero me ampara la libertad de expresión, el pensamiento formado y personal, para poder hacer partícipes a mis amigos y conocidos de mis pensamientos más o menos acertados.
Lo inaudito del caso es confirmar que personas que ni conozco, que no han tenido la oportunidad de debatir conmigo o de dirigirse personalmente a mi, hablen y mencionen mi nombre y mi apellido en términos ofensivos o peyorativos. No juzgaré tampoco esta conducta pero, a buen seguro, tendrán la ocasión de que me dirija a ellos personalmente y podamos intercambiar impresiones. Más aún para que me puedan explicar qué aspecto lesivo o qué opinión ofensiva he podido expresar porque a día de hoy las desconozco.
Y para acabar me gustaría saber por qué razón no puedo expresar opiniones personales en un ámbito personal y semiprivado como son mis perfiles en las redes sociales. Al cual tienen acceso mis amigos y no personas a las que desconozco. Más allá personas que me mencionan desconociendo cualquier tipo de intencionalidad en mis comentarios y haciendo gala de una hipersusceptibilidad para darse por aludidos de manera personal.
Que el Señor y su Santísima Madre iluminen y llenen corazones. Más aún en este bendito mundo en el que los cofrades convierten, en ocasiones, la fraternidad cristiana en habladuría y maledicencia.