Alazne y su pasión

Muchos pensaréis que es una entrada que sobra en un blog con otras entradas con la suficiente seriedad como las que posteo habitualmente. Yo no creo que sea menos seria.
En un mundo dominado por los mass media e interconectando diferentes experiencias esta entrada es testimonio de la influencia que sobre nosotros tienen las historias que vemos, y casi sentimos, haciendo nuestras: historias de las televisión.
Ni siquiera empecé a ver el programa cuando comenzó. Pero la lucha de Meritxell y Alazne en la hostilidad imperante me fascinó. Especialmente la personalidad de Alazne.

Irascible pero apasionada, sensible y directa, hiperactiva y alucinada en ocasiones. La mayoría de la gente, incluso los que no hayan visto Pekin Express me llevarán la contraria y se alinearán en su contra pero es un extraño caso en el que me cautiva esa manera que tiene Alazne de vivir al límite de lo racional. Esa forma de perder los nervios y desconectar de la realidad o, a su vez, el fatalismo de sentirse vencida para de ahí sacar fuerzas, rabia, para el combate.
Hay muchos psicólogos que observan que nos sentimos atraídos por aquello que nos es familiar, que de alguna manera intuimos y conocemos. Puede que algunas veces me mire en la propia Alazne como un reflejo de algunos comportamientos propios, puede que su reacción, que veo con fruición en mi tele, sea la mía en parecidas circunstancias.
Es curioso establecer semejantes paralelismos pero en ocasiones la nueva televisión te brinda estas oportunidades, sirviéndote en bandeja la similitud de comportamientos de algunos patrones psicológicos que te son tan cercanos.
Quizás Alazne y yo nos aburriríamos juntos si nos conociésemos, por lo predecible y lo similar de sensaciones habitualmente cercanas. Pero seguiré espiando lo que tiene cautivado, de mi alter ego psicológico, a tantos kilómetros de distancia.

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