reopened, reorganized


"¿Qué esperas para volver a abrir tus malditos ojos?
No eres y no preguntas.
Pierdes lo que lloras y tu mundo se hastía de libidinosas tentaciones.
Y sabes que te volverás a equivocar, a errar camino y dirección."

Salí temprano dejando la puerta a medio cerrar, sabiendo que nunca entraría nadie porque hace mucho frío adentro. No es un lugar acogedor para refugiarse de nada y de nadie.
Anduve hacia el trabajo cabizbajo, con una estúpida náusea en el bajo vientre pero con un dulzor extraño en la boca.

- ¡Buenos días!

Me saludaron con rubor las dependientas, ocultando sus atávicos deseos de venganza.

- Hola

Les espeté con una indisimulada indiferencia.

Los pasillos están en una semipenumbra espesa. Te vi a lo lejos, a la luz de una ventana y tu rostro estaba lleno de dudas.

- Anoche no pude dormir.

Y me vomitabas las palabras con calculada frialdad.

- Yo bebí cerveza hasta tarde, hasta que se me nublaron los ojos. Luego fumé tu tabaco rubio asomado a la ventana, esperando ver a alguien a quien invitar a subir. Al final ordené los papeles del escritorio, pensé que tus ojos glaucos no sueñan ya y entorné los ojos mientras la música me erizaba los nervios.

No me respondiste enseguida y me dio tiempo a mirar alrededor. No había nadie.

- No quiero que me mientas más.

Y te marchaste cogiendo tu bolso azul aciano como si mi presencia fuese un punzante puyazo en el estómago, como si no existiese nada más que un claroscuro caravaggino entre nuestras sombras.
Me hubiese encantado besarte o despreciarte solemnemente, hubiese deseado sulfurar tu increible iracundia, habría querido asomar a las puertas de tus planificadas indiferencias e incendiarlas disfrutando como Piro, con tan grandioso y solemne fuego fatuo.
Por contra me quedé viendo bobamente como te alejabas, como tu gracioso trasero redondeaba cada paso que dabas, como tu perfecta silueta cada vez se me antoja más imposible, más puramente bella.

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