Febril


Pero no estoy enfermo.
Es ese martilleo creativo que me asalta cuando vivo en una atmósfera productiva, llena de dudas, de existencialismo medio vacío, de miradas subversivas y centelleantes. Es la inmarcesible gana de hacer hasta caer exhausto, es dar las gracias a los que te encuentras en tu camino por existir.
Son los días a los que les faltan las horas, son mis labios musitando palabras sin sentido, o inventadas, o robadas al sueño, a la noche, a la espuma deliciosa de tus labios de limón...
Son planes de invasión y conquista que siempre se postergan a una mejora general del tiempo (aunque yo sé que es miedo).
Son las olas del mar que se me meten entre las circunvoluciones adormiladas de mi cérebro cóncavo y convexo, pero sobre todo blando, como al Dalí más hambriento le hubiera seducido.
Son las ahorcadas ganas de echarte algo a la boca que se me desvanecen en las manos, entre los libros y la música reverberante de mi i-pod, cándido símbolo onírico de esta vetusta y luminosa generación.
Es el Azul de la instrumentación LED del coche que fulgura como si Rubén Darío lo mirase fijamente y con dos lágrimas revitalizase el latir de sus válvulas grasientas y jadeantes, lubricadas.
Son las noches frías hasta el tuétano de los antepasados que gemían de Würm a la anciana Mindel, es el ansia de estepa blanca y veteada de verde oscuro, son tus ojos azules glaciares, es ver caer la bruma como un velo purísimo.
Son aún más ansías y es náusea que huye de Sartre. Aún más ansías de poseer más allá de las callejas con piso húmedo, con charcos dónde se reflejan tus ojos inmisericordes, tus fértiles manos de orquídeas, la apolínea virtud de seguir siendo tú y ser otras, las que se bañan en las aguas tibias de mi ruinosa y marchita Trebisonda.

Comentarios

  1. Muchas gracias por enlazarme, yo he hecho lo mismo.

    Para mí lo fundamental de una república es que sea democrática, es decir, que haya división de poderes, algo que no hay ni en la monarquía juancarlista confederal autonómica ni en la Francia jacobina de la V república, pero que se cumple a rajatabla en la república federal de EEUU. Cada país tiene sus fórmulas institucionales y territoriales, y no puede trasladarse sin más de un estado a otro, y menos aún, de una época a otra.

    Yo defiendo ante todo una república presidencialista (forma de gobierno más democrática). Y en cuanto al modelo de estado, soy partidario del unitario (no centralizado) por ser el más barato y sencillo, pero no me importaría tener una república federal simétrica, donde todas las regiones tuvieran exactamente las mismas competencias y el estado conservase todas aquellas competencias que afecten a la igualdad de derechos de los ciudadanos (educación, sanidad, seguridad pública, recursos naturales, comercio...), es decir, lo contrario que el Estado de las Autonomías. Siempre que fuera así, no me opondría al federalismo.

    Por cierto, te recomiendo que visites 30 años de Partitocracia, un blog colectivo que pretende denunciar los desmanes antidemocráticos y antinacionales del régimen del 78 y su nefasta constitución.

    Un saludo.

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