
jueves, 28 de enero de 2010
martes, 19 de enero de 2010
De repente, ha oscurecido.
Odiarte, buscarte a lo lejos,
creerte, soñarte.
Pegarme un tiro en los sesos,
amortajarme.
Contar uno a uno los días
de sádico sufrimiento.
Amontonar palabras
al lado de mis deseos.
Contagiarme la gripe
de los días venideros.
Caminar hacia los bajos barrios
llenos de piojosos perros.
Escupir cansado
al barro y al suelo.
Saltar las alambradas
hasta que sangren las yemas de mis dedos.
Dibujar en las paredes
con carbón y cieno.
Arrojar piedras a lo lejos,
sentarme apoyado
en viejos postes de hierro.
Seguir caminando huraño,
mirar atravesado a los dueños
de este infierno.
Beber cervezas a medias,
lanzar las botellas al vuelo
de aves invernales,
de pájaros de mal agüero.
Si sigo siento frio
en el tuétano de mis huesos.
Me acuerdo de tus ojos.
Me muero de odio y deseo.
Se ha vuelto negro,
el manto de la noche.
Ha quedado amoratado
el perfil cárdeno del cielo.
¿Soy yo el del espejo?
Mis zapatillas rotas,
barro en la cara, en el pelo.
Tu habitación roja
se quedó muy lejos.
Mi mirada parece otra,
me duele pensarte en silencio.
El cariño roto en pedazos
en medio del dormitorio,
media botella de vodka y recuerdos.
Cuchillos afilados salen de tus labios,
una mala noche de domingo.
Un dolor hacia adentro.
Y la carretera se me hace eterna.
Diez kilómetros
de amor y cansancio.
Un enorme vacío denso,
las rosas tronchadas a tus pies,
las lágrimas saliendo de dentro.
creerte, soñarte.
Pegarme un tiro en los sesos,
amortajarme.
Contar uno a uno los días
de sádico sufrimiento.
Amontonar palabras
al lado de mis deseos.
Contagiarme la gripe
de los días venideros.
Caminar hacia los bajos barrios
llenos de piojosos perros.
Escupir cansado
al barro y al suelo.
Saltar las alambradas
hasta que sangren las yemas de mis dedos.
Dibujar en las paredes
con carbón y cieno.
Arrojar piedras a lo lejos,
sentarme apoyado
en viejos postes de hierro.
Seguir caminando huraño,
mirar atravesado a los dueños
de este infierno.
Beber cervezas a medias,
lanzar las botellas al vuelo
de aves invernales,
de pájaros de mal agüero.
Si sigo siento frio
en el tuétano de mis huesos.
Me acuerdo de tus ojos.
Me muero de odio y deseo.
Se ha vuelto negro,
el manto de la noche.
Ha quedado amoratado
el perfil cárdeno del cielo.
¿Soy yo el del espejo?
Mis zapatillas rotas,
barro en la cara, en el pelo.
Tu habitación roja
se quedó muy lejos.
Mi mirada parece otra,
me duele pensarte en silencio.
El cariño roto en pedazos
en medio del dormitorio,
media botella de vodka y recuerdos.
Cuchillos afilados salen de tus labios,
una mala noche de domingo.
Un dolor hacia adentro.
Y la carretera se me hace eterna.
Diez kilómetros
de amor y cansancio.
Un enorme vacío denso,
las rosas tronchadas a tus pies,
las lágrimas saliendo de dentro.
La cuesta de enero
Sabe a blanco y frío, a escarcha y ventiscal.
Tras la esquina viene cimbreando ya y casi la podemos sentir...
Tras la esquina viene cimbreando ya y casi la podemos sentir...
jueves, 7 de enero de 2010
Hay nieve en los tejados
Los tejados ya están blancos...
Mi corazón se duele entre el frío y la ventisca...
Mi corazón se duele entre el frío y la ventisca...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Nos mudamos
Nos mudamos a: https://espadascomolabio.wordpress.com/
-
Nos mudamos a: https://espadascomolabio.wordpress.com/
-
La Pascua ha llegado inexorable. Cristo ha resucitado. Y debemos analizar lo que las hermandades y cofradías de Ciudad Real nos han ofrecid...