El mejor pregón de la Historia

Faltan palabras, no a todos nos tocó la Providencia con un don como el de Juan Alberto.
Lo que sentimos los cofrades de Ciudad Real el pasado sábado no se puede expresar más que bajo una trabajadera o bajo un capirote.
El Magno Pregón fue más magno que nunca e hizo que la emoción saltase de nuestros corazones a nuestra garganta, a nuestros ojos, deshaciéndose en lágrimas.



Conocí a nuestro Pregonero hace casi 5 años, íbamos camino de Colonia, en el corazón de la cristina Europa. Lo conocí entre los muros antiguos de la Catedral de Lyon, la antigua Lugdunum romana, y allí recibí un privilegio que ahora se reactualiza y me enorgullece. Me convertí en el primer costalero de Ciudad Real a quien el Pater Juan Alberto bendecía la cerviz, la primera vez que sentía a un sacerdote tan cercano al sentimiento cofrade y costalero.
Luego a los pies del majestuoso Duomo de Colonia, acariciando el sepulcro de los Reyes Magos sentí su verbo mágico, lleno de recursos, de convicciones hondísimas, verbo antiguo, tocado por la fuerza del Paráclito.

Desde que supo que iba a ser pregonero ha estado con todos nosotros, a nuestro lado. Preguntando, viviendo, sufriendo (mucho en estos últimos meses en mi hermandad de Las Penas), impregnándose de la Semana Santa de Ciudad Real. Ha tenido siempre a Lalo con él, Satur y Javi le han acompañado siempre ayudándole y no dejándole solo pero ante todo ha descubierto a sus amigos de Ciudad Real. Amigos que necesitamos de él como nuestro pastor, amigos que han descubierto alguien que nos ayuda a caminar, que comparte su inquietud cristiana, amigos que a la luz del Evangelio quieren seguir caminando juntos para que siempre estreche a Ciudad Real en su corazón, esa Ciudad Real cofrade que nosotros le hemos enseñado, por la que luchamos y en la que soñamos, esa Ciudad Real antigua que quiere seguir creciendo y haciéndose grande.

El Señor nos ha dado una dicha muy grande este año y no queremos que la pena que cantaste nos amargue. Que sea la alegría la que nos haga avanzar cantando al combate, que sea el peso de la trabajadera nuestra bendición, que sean las lágrimas de la Madre motivo de dicha.
¡Qué el mundo se pare y escuhe el fragor de nuestra batalla!
¡Qué el mundo se pare cada primavera para abrir en dos el corazón cristiano que palpita eternamente!

A ti, ¡GRACIAS!

Comentarios

  1. Magnífico el pregón. Hizo despertar sentimientos que dormían en mi alma cofrade. Un abrazo Fran.

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