Y despiertas rápido,
abre los ojos medio llorosos,
lagrimeo de hombres fuertes
y tanta belleza en los ojos.
Ahora las noches quedan huérfanas,
del calor de los cirios,
de la sangre de claveles rojos.
Las madrugadas saben a luz y sangre,
de tus manos y tus codos.
Los niños ya no susurran,
los árboles duermen solos.
El tiempo de despertar,
la muerte sabe a silencio.
El miedo, la libertad,
tus labios entreabiertos.
El color de tu sombra,
el perfil de tu pecho.
Quiero quedarme esperando
y no despertar de este sueño.